Mi villano favorito
Mérida, Yucatán a 7 de noviembre de 2012
Villano, na. (Del b. Lat.
Vilanus y este del lat. Vila, casa de campo) 3ª. Ascepción ruin, indigno,
indecoroso. DRAE)
Se diría que todos tenemos un
villano favorito; real o inventado; en el ámbito laboral o en el ámbito
familiar; pesado o ligero, cuyas acciones pueden, desde echarnos a perder el
día, hasta causarnos problemas, malentendidos reales; un chismoso, un chistoso,
hasta un despistado. En el ámbito escolar puede ser la maestra o un compañero,
o ambos. "El maestro me trae de encargo", dicen los niños. El jefe
deshumanizado; la enfermera indiferente; el abogado corrupto; la vecina
chismosa. Pero hasta esos antagónicos, villanos "favoritos", tienen
sus limitaciones. Al final, el curso de nuestra historia personal sigue su
marcha. Y quizás, sin saberlo, nosotros juguemos el papel contrario para los
demás, convirtiéndonos en el villano favorito de otro. Los "malos o
malditos" literarios, de Savater, también causan efectos en sus historias,
en la que el creador, a manera de Dios, es el autor.
Como sociedad, el
comportamiento es muy parecido. Para cada problema hay un villano, para algunos
es un personaje político, para otros un líder sindical, un empresario, los
carteles de la droga, un presidente, un gobernador, un país, un fenómeno
natural, una política mal aplicada, etc.
¿Cuánto podemos, sin embargo,
achacarles a nuestros villanos? Qué porcentaje de nuestra
"desgracia" puede asociarse a sus malos efectos? ¿Hasta dónde sus
vilezas pueden cambiar el curso de nuestra historia personal, de nuestra historia
social? Es claro que hay villanos reales, esos que han causado grandes
desgracias al género humano, han atentado contra la vida, la libertad y los
derechos humanos en formas terribles. Incluso aquellos cuyas decisiones o ideas
han traído consecuencias que hoy la humanidad lamenta.
¿De dónde salen estos
villanos? ¿Quién los crea, los alienta, les da vida? Los villanos históricos y
de gran influencia social están relacionados con el poder político o económico.
Sus villanías tienen efectos de grandes magnitudes. ¿Se hicieron villanos o ya
eran? ¿Es bueno pensar en ellos?
Ocuparse de los villanos y sus
villanías puede ser complejo, absorbente, desgastante, incluso apasionante. En
caso contrario la historia no recogería sus historias, ni los autores
escribirían sobre ellos.
Cada vez que pensemos en
nuestro villano favorito, ese al que achacamos nuestros males como sociedad,
ese que impide que el progrese avance, que la verdad salga a relucir, que los
buenos triunfen, quizás valga la pena mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos
si somos nosotros nuestros propios villanos, ¿cuánto hacen ellos y cuánto
dejamos de hacer nosotros. ¿Quién les da vida y por qué les permitimos seguir
viviendo?
Pienso en algunos villanos
favoritos del México actual y me pregunto, si somos los autores de nuestra
propia historia, ¿cuánto más les permitiremos vivir?
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