Una barrera más que sortear
Por María Fernanda Matus El muro que nos separa de Estados Unidos ha existido siempre. Es el muro del racismo, de los embargos comerciales, de los acuerdos ventajosos, de la xenofobia que alcanza las más altas esferas académicas (incluyendo a Huntington y a Harvard), es el muro ideológico que nos separa de nuestros sueños de poder tener, de ser alguien al estilo "occidental", es el muro que divide el patio trasero del resto de la casa. Ahí ha estado siempre y prevalecerá mientras la arrogancia estadounidense no permita aceptar las ventajas que les significa la inmigración en ambos sentidos. Más aún, el fenómeno real que significa la migración en su sentido más general: la emigración del campo a las ciudades o el llamado “planeta ciudad”, por ejemplo o la emigración hacia los países desarrollados que se presenta en todo el mundo. Al final de cuentas, dicen por ahí, todos tenemos una experiencia migratoria, algunos temporal, otros de por vida, quizás la propia humanidad busca s...