Mi breve experiencia con el incipiente mundo de la tecnología
Mi breve experiencia con el incipiente mundo de la tecnología
"Carlos Argentino lo probó, lo juzgó interesante y
emprendió, al cabo de unas copas, una vindicación del hombre moderno
—Lo evoco —dijo con una admiración algo inexplicable— en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosa- rios, de horarios, de prontuarios, de boletines...
Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora convergían sobre el moderno Mahoma. "
Jorge Luis Borges. El Aleph
—Lo evoco —dijo con una admiración algo inexplicable— en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosa- rios, de horarios, de prontuarios, de boletines...
Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora convergían sobre el moderno Mahoma. "
Jorge Luis Borges. El Aleph
Reflexionaba
hace unos días, a través de Facebook, con amigos sobre nuestros primeros
acercamientos con la Internet allá por 1994, siendo periodistas en Reforma. Nos
acordamos, en este intercambio de comentarios, que algunos tenían correo
electrónico, otros no. De hecho, sin telefonía celular generalizada, se
recurría en las redacciones a los llamados “beepers”, unos aparatos que
permitían leer en un display los
mensajes que el remitente había dictado vía telefónica a una operadora, previa
identificación del número de usuario, quien lo transmitía al aparato receptor
del usuario al que iba dirigido. La respuesta seguía el mismo procedimiento.
Una
parte importante de mi trayectoria como periodista, en aquellas épocas, estuvo
ligada a las telecomunicaciones. No era un tema que se comprendiera del todo y
en ese sentido tuve que internarme en un asunto que, a primera vista, parecía
periodísticamente árido. En poco tiempo, sin embargo, yo ya estaba bastante
involucrada e interesada en el tema y estaba convencida, como me lo decían los
expertos, de que las telecomunicaciones era la industria que revolucionaría el
mundo contemporáneo. Mi propia tesis de licenciatura se llamó “La revolución de
las telecomunicaciones. ¿Aldea global o gulag electrónico?”. Incluso, junto con
un grupo de compañeros de la “fuente”, cursé en el ITAM un Diplomado en
Telecomunicaciones.
Por
aquéllas épocas no había Facebook, ni Twitter y como he dicho, sólo algunos
aguzados tenía ya una cuenta de corro electrónico, mayormente Yahoo. De manera
que la tecnología no despuntaba aún, al menos en el México D.F. de ese momento
y en las redacciones de los periódicos, a pesar de que “Reforma” se destacaba
como el único periódico digital del momento, lleno de color, de infografías y
encuestas que no eran usadas tan profusamente en los medios en esos momentos.
Escribí
sobre temas escabrosos que hoy se mirarían inofensivos, pero que en una época de
apertura de medios incipiente, sin redes sociales y sin internet, eran grandes
desafíos poder documentar. Eran las épocas en que los reporteros teníamos que
trasladarnos a los lugares a conseguir documentos, publicaciones, libros y en
el que los “contactos” y “fuentes” eran el único medio para poder internarnos
en las dependencias, empresas y organizaciones, para conocer los hechos más
allá del discurso público; lo que hoy se ha facilitado con las redes sociales,
que lo pueden transparentar prácticamente todo, con testigos directos que nos
informan y nos muestran fotos y videos de los hechos más privados, sin que siquiera
tengamos que pedirlo. En cierta forma todos somos reporteros, testigos
privilegiados de la noticia y además tenemos nuestro propio medio para publicar
lo que querramos, sin censura, para bien o mal de la sociedad.
Uno
de los temas más debatidos por aquellos años fue el reiterado cuestionamiento
de la forma en que Grupo Carso había adquirido el control de Telmex; o el
proceso por el que se debía abrir a nuevas empresas la competencia en la telefonía
local y de la larga distancia; o la batalla entre las primeras dos empresas de
telefonía celular en el país: Iusacell y Telcel. O la aparición de la
televisión de paga satelital y las disposiciones que regirían a sus posibles
competidores. Se hablaba también de la “supercarretera de la información”, un
concepto surgido cuando se generalizó la transmisión digital, basada en ceros y
unos y que hoy nos permite, en un mismo canal, la transmisión de audio, video y
voz.
Otros
temas candentes eran la creación de la Comisión Federal de Telecomunicaciones
(Cofetel) y la que fuera la primera Ley de Telecomunicaciones planteaban una
serie de dudas, que marcarían ventajas y desventajas para esta industria.
Luego
de esa época tuve la oportunidad de conocer, trabajando desde dentro, el
corporativo de Grupo Iusacell, una compañía mexicana que había sobrevivido a
una serie de vaivenes económicos, pese a que aseguraba (y en realidad era
cierto) que era la primera compañía mexicana que había comercializado la
telefonía inalámbrica desde que su fundador implementó, décadas atrás, teléfonos
para autos; ya entonces se veía una férrea pero desigual competencia de
Iusacell frente a Telmex, que recién estrenaba a Telcel, una compañía que nació
con una ventaja que hasta ahora la hace liderar el mercado de telefonía móvil.
Es
incierto, fuentes diversas de la época aseguraban que pudo ser un favoritismo tan simple como
que Telcel o en realidad la concesión nacional de la llamada banda B de telefonía
celular que cubría todo el país fue un “extra” que el gobierno agregó a la
concesión que recibió Grupo Carso cuando logró hacerse del ex-monopolio estatal
“Telmex, asunto que nunca fue confirmado. Sea lo que fuere, lo que hoy es
“Telcel” nació con la ventaja de tener una banda completa de telefonía celular
que le permitía dar el servicio en todas las regiones del país, aventajando de
este modo a las compañías de la otra banda, que sólo podían dar el servicio en
ciertas regiones, impedimento que les llevó incluso a hacer ciertos convenios
para poder enlazarse a nivel nacional. La mayoría de esas empresas fenecieron
en los años 90.
Aún
recuerdo que en el año de 1999, cuando radiqué un tiempo en Francia, me
impresionaba el hecho de que en algunas capitales europeas como Londres la
penetración de la telefonía celular era lo que es hoy en América Latina:
prácticamente todas las personas, sin diferencia de estrato social o económico,
usaban un teléfono celular.
Un
año después, trabajando para Ericsson
(que aún no concretaba su alianza con Sony), lo que se ha generalizado en
llamar “smartphones”, era un deseo. Ericsson, una empresa líder en tecnología,
que incluso fue quien inventó el “bluetooth”, buscaba también ser una verdadera
líder en lo referente a los aparatos, ya que la finlandesa Nokia se había hecho
del primer lugar en cuanto al diseño de los teléfonos.
Con
grupos de periodistas mexicanos tuvimos oportunidad de visitar “hogares
inalámbricos” en Suecia, prototipos de Ericsson, que avizoraban la llegada de
una época “sin cables” y que permitiría al usuarios contar con internet en
prácticamente cualquier lado, sin necesidad de conexiones (lo que hoy es una
obviedad).
Finalmente,
Ericsson anunció su alianza con Sony y lo demás es historia, como otra historia
es también la irrupción de Apple, si bien en México su famosísimo “i-pod” sólo
vio la luz apenas en la década pasada y sus generaciones de i-pad y i-pad mini
abrieron y dominaron durante mucho tiempo el mercado de las “tablets”.
No
terminaría ahora si me detuviera en los detalles en esta breve síntesis de mis
vivencias con la tecnología y de una serie de temas, pienso ahora, como la
digitalización, que permitió nada menos que poder transmitir la voz, los datos
y video por un mismo canal, cosa común hoy en día.
¿Qué hemos hecho con la tecnología?
A la
vuelta de unos años, cuando mucho de lo que se soñábamos ha superado las
expectativas (nadie hubiera podido, por ejemplo, imaginar el fenómeno de las
redes sociales) la pregunta que me parece obligada es cómo nos han afectado las
maravillosas posibilidades de la tecnología. ¿Que hemos hecho con la
tecnología?
La
respuesta está a la vista. Para empezar,
creamos un espacio virtual, una nueva dimensión en la que podemos comunicarnos
a distancia y vernos, ya sea por una computadora, un smartphone o una tableta. Hemos
roto las barreras de la distancia y creamos un ciberespacio que nos permite
comunicarnos sin restricción, que nos puso el mundo a la mano, de manera
instantánea, sin tener que hacer mayor esfuerzo que una búsqueda virtual.
Por
el otro lado está la proliferación de la información. Creamos, modificamos y
compartimos información que prácticamente ha minimizado lo privado.
No
podría detallar las múltiples y asombrosas cosas que la tecnología y en
específico las telecomunicaciones y la digitalización han permitido en ámbitos
diversos, pero puedo alcanzar a ver algunas de sus consecuencias en la vida
diaria, como ciudadana de este nuevo ciberespacio. Por ejemplo, es prácticamente imposible que no
haya una referencia de alguien o algo en la internet. Y es muy difícil que aún
las personas que viven en los ámbitos rurales estén ajenas a la tecnología.
Para
el caso del periodismo la transformación es dramática, si partimos del hecho de
que el “monopolio” de las noticias se ha roto y de que muchos ciudadanos han
demostrado que ser los reporteros de la actualidad mundial está en la
posibilidad de cualquiera que tenga a la mano herramientas tan simples como un
acceso permanente a las redes.
Ciudadanos
que se encuentran en lugares donde se desarrolla la noticia están aportando más
información, y de manera instantánea, al mundo a través de fotografías, vídeos,
relevación de datos, que dejan prácticamente desfasados los reportes de los
noticieros, de la radio o incluso a los portales informativos.
Con
una simple aplicación para Smartphone es posible obtener desde un diccionario,
hasta las portadas de casi todos los periódicos del mundo sin más esfuerzo que
el deslizarlos en una pantalla. Libros,
música, vídeos de circulación gratuita son una obviedad en estos tiempos donde
lo que abunda es lo que hace apenas una década nos faltaba: información.
Otros
mercados también han sido modificados con el acceso a la tecnología y el acceso
a la información: la música, el cine y en general el entretenimiento están
teniendo que buscar mecanismos de sobrevivencia diferentes.
Pero
el cambio más importante es la afectación que este nueva dimensión está
causando en la humanidad, en el ser humano como ser social, en las estructuras
clásicas de la sociedad como la familia, en valores supremos y universales como
la religión, en creencias y patrones de conducta que nos permitían estar
asentados cómodamente, sin mayores sobre saltos.
No hay nostalgia, ni secretos, ni
diferencias
Si
la tecnología nos ha permitido cosas que apenas una década soñábamos,
definitivamente nos ha cambiado la vida.
Todos
somos iguales en el ciberespacio. Incluso el pasado está a nuestro alcance. Una
de las cosas que más lamento es que el internet nos ha quitado la nostalgia.
Comentarios