Comunicar el sistema penal acusatorio y oral mexicano
Comunicar el sistema penal
acusatorio y oral mexicano
Mérida, Yucatán a 22 de
septiembre de 2014.- Cuando ingresé al Poder Judicial de Yucatán, sólo faltaban
unos meses para que el primer distrito judicial del estado iniciara el sistema
acusatorio y oral que actualmente ya se aplica en todo el estado, para impartir
justicia en materia penal.
Era obvio,
periodísticamente hablando, que el cambio, los principios y todas las ventajas
que se vislumbraban con este sistema, eran una gran, gran noticia, dado que,
tan sólo el hecho de plantear audiencias públicas y orales para resolver cada
etapa del proceso, representaba, a los ojos de cualquiera, una enorme ventaja
sobre el sistema anterior.
Lo que no era obvio, y
aún sigue siendo un gran desafío no sólo para Yucatán, sino para todo México, era
cómo los ciudadanos, ajenos al entendimiento del sistema de justicia y con
justificada razón desconfiados del mismo, podrían conocer, entender y apreciar
este enorme cambio.
Es posible que nunca,
como antes, una institución como el Poder Judicial, requiriera elementos muy
diferentes a su ámbito tradicional de acción para poder comunicar este cambio y
todos los que le seguirían, a sus justiciables. En mi temprana percepción, en
aquel año de 2011, esa misma necesidad se haría extensible para los demás
Poderes e instituciones inmersas en el cambio.
Uno de los primeros
pensamientos que vino a mi cabeza en ese entonces, era la enorme brecha que
existía entre dos mundos tan distanciados por el lenguaje y por los conceptos
jurídicos que se esconden en términos y palabras que los convierten en
verdaderos mensajes encriptados, que sólo pueden ser descifrados por quienes
conocen el código, mientras los demás tendríamos que quedarnos ajenos, sin
posibilidad de acceder a la comprensión del mismo.
Tan desafiante como la
ejecución de este cambio que ya estaba planeado años atrás y se ha consolidado
de manera ejemplar en Yucatán, el desafío comunicacional sigue siendo un
pendiente.
El puente que debe
construirse para acercar a dos mundos tan diferentes, mediante la comunicación,
es una gran empresa, una empresa costosa económica e intelectualmente y que
depende de otros actores, no institucionales, entre ellos los medios de
comunicación y los propios abogados. Sin la comprensión que éstos tengan del
sistema, la comunicación del mismo hacia los ciudadanos quedará siempre
distorsionada.
Por otro lado, no puede
haber una buena comunicación del cambio, cualquiera que ésta sea, si la
experiencia del usuario no refleja las ventajas que el cambio promete. De
manera que, detrás de una buena comunicación tiene que haber siempre un buen
servicio. Sólo en esta forma ese cambio será comunicado positivamente por los
usuarios. A mi juicio, esta es quizás la mejor publicidad para cualquier institución
o empresa.
Además, para poder construir
este puente de entendimiento, se supondría que los abogados y jueces, entre
otros actores del ámbito penal, tienen la voluntad de darse a entender ante los
ciudadanos, es decir, implementar las acciones necesarias desde su propio
ámbito, principalmente abrir canales y dotar de condiciones a sus propias
instituciones, para que la información se difunda con fluidez y en un llamado
“lenguaje ciudadano”, es decir, accesible al entendimiento del ciudadano común.
Y que por su parte los
ciudadanos tienen algún interés en conocer el funcionamiento del nuevo sistema
penal y las motivaciones que tienen los jueces y magistrados en sus decisiones,
así como lo que esconde el incomprensible lenguaje de los abogados.
Me parece que a este
punto las complicaciones van creciendo y la empresa se vislumbra punto más que
compleja.
En primer lugar, los
ciudadanos no se levantan pensando en que nuevos cambios se están aplicando a
la justicia penal. De hecho, diría que la mayoría son ajenos al tema, a menos
que hayan tenido la penosa necesidad de verse frente a un juzgado o proceso
judicial de alguna índole, lo que en su mayoría se remite a temas familiares y
no penales. Así que esta primera premisa, que supone que los ciudadanos deberían
estar interesados en la comunicación del nuevo sistema penal, no se cumple.
Por el contrario, nos
dirigimos a un público ajeno al tema, desconectado del mismo y, por si fuera
poco, desconfiado.
Además, aunque no
necesariamente están más informados, los ciudadanos sí se encuentran más
“empoderados” para no ser “engañados”. Es el caso de una persona que con un
smartphone y acceso a una red social, puede comprometer a cualquiera que sea
objeto de su suspicacia, sea esta justificada o no.
De tal suerte que para
los jueces, magistrados, personal de instituciones de defensa, ministerios
públicos, policías, y abogados particulares que toman parte en el proceso y
forman este otro mundo “legal”, la exigencia no es menor, puesto que ahora se encuentran
permanentemente en el ojo crítico del ciudadano, de los medios de comunicación
y de las llamadas asociaciones civiles.
Y ya que nos referimos
a estas últimas, es importante resaltar que, en las últimas décadas, con las
políticas recientes de transparencia y apertura, han ganado una presencia
importantísima e incluso van siendo cada vez más integradas a los consensos en
los proceso de cambio referentes al sistema penal.
Dado lo anterior ¿Cómo
hacer entonces, que estos mundos se conecten?
Mi propuesta general,
en una segunda entrega

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