La tragedia de una noche de Carnaval termina con dos condena

La tragedia de una noche de Carnaval termina con dos condenas




Mérida, Yucatán, México Febrero de 2015Se dice que la pérdida de un hijo es quizás el dolor más profundo para una madre y que probablemente no puede ser remediado aun con el mayor castigo para quien la hubiera provocado. Pero la justicia debe prevalecer y demostrar que a la privación ilegal de una vida corresponde un proceso ejemplar, por el cual somos una sociedad que vive en un estado de derecho.En esta historia, además, quedará de manifiesto que la violencia nunca será remediada con más violencia.
Christian sintió el calor de la cuchillada en su interior, el dolor lo hizo doblarse, pero inmediatamente su cuerpo recibió la siguiente cuchillada que se clavaba cerca de su pecho, era la de Gaspar May, quien casi al mismo tiempo había descargado con la fuerza de su mano derecha la navaja en el tórax de Christian.Doblemente herido, Christian perdió el conocimiento, cayendo al piso abatido, ante la mirada incrédula de los testigos, que pudieron observar un charco de sangre que crecía junto al cuerpo que yacía boca arriba en la acera del muelle.El peritaje médico presentado por los fiscales estableció que el fallecimiento se dio en el trayecto como consecuencia de “choque cardiogénico secundario a taponamiento cardiaco, ocasionado por herida penetrante de arma blanca”.Unas 40 horas repartidas en ocho jornadas duró el juicio correspondiente a este caso,  el número 23 que se realiza en Yucatán bajo el sistema penal acusatorio y oral. No ha sido, quizás, menos difícil que los que le precedieron, siempre enfrentando a los dos lados humanos envueltos en el derecho de justicia: el que sufre una pérdida y el que la ha provocado.

Es la historia de una mujer que nunca imaginó que el beso de despedida que le dio su hijo antes de salir la mañana del 23 de marzo de 2014, sería la última caricia que recibiría de él, pero que también ha encontrado justicia y la ha visto hacerse ante sus propios ojos, sin que nadie ni nada se interponga ante ello. Junto con su familia, Ruth ha podido vivir directamente el proceso en el que los culpables han encontrado castigo, uno a través de un juicio oral y el otro mediante un procedimiento abreviado.

Su hijo era Christian May, un joven pescador que encontró su muerte un domingo 23 de marzo en el muelle de Celestún, un pequeño puerto de pescadores al oriente de Yucatán, a poco más de 90 kilómetros de la capital Mérida.

Había llegado a eso de las 2 de la tarde, con unos amigos, al carnaval de Celestún, un evento clásico de esta época en la región, particularmente en los puertos de Yucatán y en los que, como es el objetivo, los pobladores desbordan sus alegrías, bailan y se recrean con el paseo de carrozas alegóricas.

Entre la multitud pudo distinguir la figura de Rosa, su ex pareja sentimental, una mujer joven, de aspecto despreocupado. Sin poder controlarlo, Christian sintió que se apoderó de él una fuerza descomunal provocada por la rabia, al pensar que Rosa se divertía sin él. Sin pensarlo fue hacia ella y en un impulso la jaló del brazo, obteniendo de ella un reclamo.

Como respuesta, Christian la cuestionó duramente sobre el hecho de no estar al cuidado del hijo que tuvieron cuando el amor aun los mantenía juntos, no concebía el hecho de ver a Rosa con ese ánimo tan despreocupado, sin él y sin su hijo, libre y divertida.

Una testigo que presenció los hechos y que se encontraba en su puesto de helados -pensando que no habría mejor ocasión para poder ganar un poco más de lo acostumbrado- declaró en el juicio que pudo sentir temor desde el momento en que Christian se dirigía hacia Rosa, dado que lo conocía y sabía que “él tenía un carácter conflictivo”.

Ella dice que sus temores se confirmaron cuando observó que, luego de la discusión entre ambos, Christian, furioso, le lanzó un golpe a su ex esposa en la cara.

José Pablo, el imputado que hoy recibió condena en este juicio oral por el homicidio, estaba a escasos metros mirando la escena. Al igual que Christian ya había pasado varias horas en el festejo, junto con algunos amigos y aunque alrededor de las 7 de la noche empezaba a encaminarse de regreso a su casa, la escena entre Christian y Rosa le produjo un impulso incontenible de detener lo que podía convertirse en una agresión hacia la mujer.

En un primer momento sólo alcanzó a advertirle a Christian: -“La estás regando”, pero la respuesta de éste fue un “no te metas” e inmediatamente después ambos amigos se retaron. En unos instantes lo que parecía ser una defensa hacia la mujer agredida, se convirtió en una agresión fatal hacia Christian.

Los hechos establecidos por los fiscales para ambas acusaciones, tanto la de Gaspar como la de José Pablo el otro agresor, señalan que fue en ese momento cuando éste último empuñó su navaja y se avalanzó hacia Christian clavándosela en el abdomen con toda la fuerza que le fue posible. 

Los dos atacantes blandieron sus cuchillos hacia los testigos, amenazándolos y corrieron por el muelle.

Alguien se ofreció a llevar a Christian al hospital del puerto, y de ahí los médicos lo trasladaron de inmediato a Mérida.  

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La madre de Christian, Ruth, acompañada de su hijo, ha estado presente en todas las audiencias al igual que Ángel, el padre del acusado y Carmen su esposa.

Los tres jueces del Tribunal 1º del Poder Judicial han estado atentos, reflexivos y receptivos a los testimonios que se han sucedido en estas duras jornadas, emotivas algunas y desgarradoras otras.

Una de las declaraciones más conmovedoras no sólo para ellos, sino para todos aquellos que han podido presenciar esta audiencia, abierta al público, fue el testimonio de la madre de Christian, denunciante de los hechos.

Es posible que por muchos años, Ruth, una menuda mujer de larga cabellera negra, con un semblante de fortaleza y mirada que refleja la tristeza de la pérdida, guarde en su memoria esa noche del 23 de marzo de 2014, precisamente una noche de carnaval, cuando estando en su casa recibió una llamada por parte de la ex suegra de su hijo. Angustiada, la mujer le soltó una frase que quedará grabada en su mente para el resto de sus días: “A tu hijo lo clavaron en el muelle”.

Con toda la fuerza que le permitieron sus cansadas piernas, la mujer se dirigió al muelle, pero ya no pudo ver a su hijo, lo estaban trasladando al centro de salud.

Un pescador, que fue presentado como testigo por la Fiscalía, asegura que él mismo trató de perseguir a los dos homicidas cuando corrían huyendo por el muelle, pero no les pudo dar alcance.

En las audiencias, tanto de este juicio como del procedimiento abreviado, ha estado presente Rosa, quien quizás llevará en su memoria la última vez que vio con vida a su ex pareja sentimental y padre de su hijo.

Ella recuerda cuando José Pablo, acusado en este juicio, se acercó a Christian para decirle que se calmara, pero enseguida empezaron a golpearse. Al interferir en la pelea varias personas, Rosa ya no tuvo oportunidad de seguir viendo lo que acontecía, pero lo que sí pudo ver fue el final de la tragedia: Christian sangraba abatido en la acera, tocándose con la mano la herida que le sangraba en el abdomen, en esa trágica noche de carnaval.



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