"FUNKY" BUSINESS
Hablando de libros
Por María Fernanda Matus Martínez
México, D.F. enero de 2002
México, D.F. enero de 2002
“Vivir preparado para lo que sea” puede sonar a
lugar común. Para Kjell A. Nordström y Jonas Ridderstrale, los gurús suecos autores de “Funky Business”
(Book House Publishing AB 1999), a quienes tuve oportunidad de escuchar cuando lanzaron
al mercado este hoy famosísimo libro, el
precepto del cambio sorpresivo, inesperado, es la constante, una especie de religión
que está haciendo cambiar la forma de vida de los individuos, la forma de evolucionar
de la sociedad y las instituciones y la forma en que se están haciendo –o deben
hacerse- los negocios.
La idea principal de este libro descansa sobre
la hipótesis de que estamos asistiendo a una sociedad donde los individuos (o
los consumidores) se mueven por emociones contradictorias, valores relativos y
donde las empresas no podrán sobrevivir demasiado si sólo están pensando en
tener mayores márgenes de ganancia minimizando el hecho de que sus clientes ya
no son más los sujetos que podían ser agrupados en estadísticas de consumo determinadas
y que el talento de sus colaboradores ha pasado al primer plano de sus activos.
Ávidos de emoción en un mundo que la
desincentiva, con mentes re-formadas por la tecnología, las imágenes, el
acortamiento de los espacios y la transformación de las instituciones
religiosas, políticas y sociales, estos nuevos seres que somos estamos
renunciando a nuestros valores más tradicionales y creando, cada sociedad a su
tiempo y a su velocidad, códigos completamente novedosos.
Ante esto, cualquier empresa vertical,
rigurosa, lenta, conservadora, enfocada en las ganancias, aislada, inflexible,
pesada y que esté pensando en producir cosas antes que ideas puede darse desde
ahora por muerta.
Nordström y Ridderstrale, un par de cabezas
rapadas que diseminan estas ideas por todo el mundo y que son también
empresarios y catedráticos de la Escuela de Economía de Estocolmo, en Suecia,
identifican una serie de fuerzas funk,
(irreverente, anti-sofisticado) que caracterizan al mundo de hoy.
En su visión, estas son las fuerzas funky que mueven a la sociedad y al
mercado y por ellas el mundo de los negocios se está trastocando de forma
espectacular: 1.-la tecnología, 2.-La “caída” de añejas instituciones desde el
estado-nación, la empresa, el sistema capitalista y hasta la familia
tradicional, 3.-Sistemas de valores cada vez más disímiles y que se
caracterizan por un gran “vacío espiritual”, 4.-Finalmente, la libertad se
conforma como un mandamiento, parece que queremos liberarnos de todo y de
todos.
Es posible sentirse desconcertado por la forma
tan cruda, directa y práctica en que los suecos retratan a la sociedad
contemporánea, pero al final de cuentas su visión resulta ampliamente útil.
Y si bien es cierto que los escandinavos conforman
una sociedad avanzada y su cosmogonía puede resultar completamente opuesta a la
nuestra, la realidad es que hay ejes comunes sobre los que nuestras sociedades
están transitando: la globalización económica, el impacto de las tecnologías, la
sobre-información visual y la transformación de antiguos valores son sólo
algunas.
Por lo tanto, las organizaciones “funky”, según
señalan los autores, deben ser tan creativas que construyan espejos donde la
sociedad pueda ver lo que no había visto antes, lo invisible o lo que nunca nos
hubiéramos imaginado.
Las organizaciones vienen y van. Caen y
emergen. Cambian de tamaño constantemente, dejan los países donde se iniciaron,
se reorganizan, se re-alinean, se re-enfocan. Nada permanece igual. Son
aquellas que se crean sobre ninguna y todas las bases, sobre circunstancias
cambiantes y sobre la impredictibilidad que caracteriza nuestro tiempo.
Los autores nos señalan las cuatro
características de la empresa Funky:
1.-Enfocada
2.-Innovadora
3.-Heterárquica
4.-Con un empuje poderoso.
Las empresa Funky bien enfocada no aspira ofrecer todo a todos, pero tiene la
capacidad de operar procesos completos aglutinando líneas de negocio sin tener
que operarlas todas y haciéndolo desde una corporación “hueca”, es decir, sin
lugares o activos físicos pero con personal altamente competente. Este enfoque
debe ser lo suficientemente amplio para crear y explorar negocios enfocados a
sectores de consumo hiper-especializados.
En cuanto al empuje, los autores aseguran que
para poder tener un poderoso impulso interno se debe aspirar a crear una
organización que enseña y crea conocimiento sólido para triunfar a través de
conocer muy bien sus errores. “A mayor conocimiento sólido, mayor creación de
dinero”.
El poder debe lograrse también en el ámbito industrial
bajo la forma en que muchas empresas como Disney, Coca-Cola y Marlboro lo
hacen: basados en una marca antes que en plantas industriales. En cuanto al
impulso internacional, las compañías Funky deberían hacer como Microsoft o Intel,
empresas verdaderamente globales con bases en diferentes países. O como
Philips, Electrolux, Nokia, Heineken, Unilever, Tetrapak y Nestlé, compañías
que además han sabido adaptarse a las características de cada mercado.
Otra característica importante de la empresa
Funky es el ser extremadamente innovadora, ya que actualmente cualquier novedad
nace, muere y es copiada demasiado rápido. Esto transforma a la compañía en una
fábrica de sueños e ideas. Y si esto pareciera demasiado, sólo hay que ver el
caso de la marca Rubbermaid (seleccionada por la Revista Fortune como la empresa más admirada de América) que ha hecho del
simple negocio de hacer recipientes de plástico toda una empresa de
innovaciones.
Finalmente, la empresa funky es heterárquica,
es decir, tiene muchas jerarquías de diferentes tipos. El típico jefe está
obsesionado por saberlo y controlarlo todo, pero en un plano innovador lo que
realmente necesitamos son muchos buenos cerebros y líderes pero sin que ninguno
tenga que dominarlo todo.
Por el contrario, las empresas funky ponen a
cada individuo en una dimensión visible a través de proyectos.

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