La teoría darwiniana del periodismo en la era digital
"El periodista no es más aquel que encuentra información, como lo era antes, sino el que sabe embonar las piezas para formar una realidad que nos 'saca la lengua', a manera de burla, porque se sabe perdida en el mar informativo que nos invade todos los días"
12 de junio de 2015
Por María Fernanda Matus Martínez
Hoy asistí a la entrega de premios locales de periodismo, me gustó escuchar a los premiados, todos tocaron el tema de las redes sociales y el internet, contraponiéndolo con el trabajo periodístico. Eso me hizo pensar en los tiempos a los que se enfrenta el periodismo hoy y la gran oportunidad que ofrece el nuevo panorama.
No fue el caso, pero tendemos a caer en la crítica un tanto resentida por el hecho de que ahora, no tenemos sólo nosotros, los periodistas, el privilegio de ser los dueños de la información como era antes y nos enfocamos en censurar el hecho de que en la red se propagan informaciones no confirmadas, chismes mal intencionados, realidades torcidas que, de tanto copiarse y pegarse, terminan siendo tomadas por verdades, cosa que, si bien es en parte cierta, refleja nuestro temor: ya no somos, ni lo seremos más, los dueños privilegiados de la información, como pasaba hace tan sólo tres décadas.
Es cierto que en la época en la que me inicié en el periodismo, el inicio de los años 90, la violencia no era el sello del oficio, pero tampoco lo eran los Derechos Humanos, la transparencia, ni la socialización de la información que caracterizan los tiempos actuales. La información era un bien escaso, estratégico y, sobre todo, realmente poderoso. De manera que "descubrir" la información reservada era en sí misma una noticia, era difícil dar cabida a los reportajes extensos o analíticos.
La constante, para los periodistas que se tomaban la profesión en serio, con ética y entrega, era el difícil acceso a la información, sin redes sociales, sin internet y sin celulares. El periodista era un ser privilegiado, el único capaz de acceder, con mucho trabajo, desde luego, a la información.
Hoy, el trabajo básico del periodista ha quedado superado, lo de hoy es "Todos somos periodistas"...y es verdad! Casi nada es privado (de hecho a veces ni lo privado es privado), la información fluye de tal modo, que cada vez que rebusco en internet, me encuentro con reportes, estadísticas, datos de la más alta calidad y valor y no termino de sorprenderme de la gran veta de información que está ahí estática, en cierta forma inocente, sin uso periodístico, esperando a ser explotada. Ríos de información de fuentes serias, por la que hubiera dado mi reino cuando era una periodista tenaz, empeñada en encontrar lo que sólo estaba en documentos privados, inalcanzables, resguardados en escritorios a los que verdaderamente nadie podía tener acceso.
Qué diferente ahora, pero qué gran oportunidad para los periodistas de hoy!
Ahora, el periodismo debe ser creativo, y con esto me refiero a la capacidad de ser original, de descubrir perspectivas nuevas en el mundo del "Todo está dicho" y "Todos lo sabemos todo".
El criterio y la capacidad de discernimiento son las nuevas habilidades para el periodista de hoy. Es decir, en la era de la sobreinformación, la diferencia es la interpretación, la capacidad para encontrar y armar el rompecabezas que nos lleve a verdades sorprendentes.
El periodista no es más aquel que encuentra información, como lo era antes, sino el que sabe embonar las piezas para formar una realidad que nos "saca la lengua", a manera de burla, porque se sabe perdida en el mar informativo que nos invade todos los días.
De manera que no hay de qué preocuparse. Habrá necesidad, siempre, de mentes capaces de llegar a la verdad mediante la investigación y es en eso, quizás, es en lo que deberá transformarse la profesión o el oficio periodístico. Bienvenidos al mundo donde el buen periodismo ya no radica en lo inmediato o e ser el primero, ya que es probable que cualquier ciudadano, armado con un teléfono y una conexión a internet, nos gane la noticia.
La tentación de la repetición y el parafraseo es constante, pero el valor agregado será, quizás, el salirse de ese camino, rebelarse contra la repetición, contra la información anónima, que se vuelve del dominio público, contra las falsas realidades que se crean con falsas cuentas de Twitter o Facebook.
Probablemente volver a lo "local", al periodismo cultural y a aquel que se enfoca en el análisis útil y práctico, sea en parte la clave para generar nuevos contenidos, que puedan hacer a los lectores voltear a ellos, entre tantas distracciones.
Quizás hoy, en la era del "Todo está dicho", lo valioso será combatir esas realidades mentirosas. ¿Están los periodistas de hoy preparados para tal desafío?
12 de junio de 2015
Por María Fernanda Matus Martínez
Hoy asistí a la entrega de premios locales de periodismo, me gustó escuchar a los premiados, todos tocaron el tema de las redes sociales y el internet, contraponiéndolo con el trabajo periodístico. Eso me hizo pensar en los tiempos a los que se enfrenta el periodismo hoy y la gran oportunidad que ofrece el nuevo panorama.
No fue el caso, pero tendemos a caer en la crítica un tanto resentida por el hecho de que ahora, no tenemos sólo nosotros, los periodistas, el privilegio de ser los dueños de la información como era antes y nos enfocamos en censurar el hecho de que en la red se propagan informaciones no confirmadas, chismes mal intencionados, realidades torcidas que, de tanto copiarse y pegarse, terminan siendo tomadas por verdades, cosa que, si bien es en parte cierta, refleja nuestro temor: ya no somos, ni lo seremos más, los dueños privilegiados de la información, como pasaba hace tan sólo tres décadas.
Es cierto que en la época en la que me inicié en el periodismo, el inicio de los años 90, la violencia no era el sello del oficio, pero tampoco lo eran los Derechos Humanos, la transparencia, ni la socialización de la información que caracterizan los tiempos actuales. La información era un bien escaso, estratégico y, sobre todo, realmente poderoso. De manera que "descubrir" la información reservada era en sí misma una noticia, era difícil dar cabida a los reportajes extensos o analíticos.
La constante, para los periodistas que se tomaban la profesión en serio, con ética y entrega, era el difícil acceso a la información, sin redes sociales, sin internet y sin celulares. El periodista era un ser privilegiado, el único capaz de acceder, con mucho trabajo, desde luego, a la información.
Hoy, el trabajo básico del periodista ha quedado superado, lo de hoy es "Todos somos periodistas"...y es verdad! Casi nada es privado (de hecho a veces ni lo privado es privado), la información fluye de tal modo, que cada vez que rebusco en internet, me encuentro con reportes, estadísticas, datos de la más alta calidad y valor y no termino de sorprenderme de la gran veta de información que está ahí estática, en cierta forma inocente, sin uso periodístico, esperando a ser explotada. Ríos de información de fuentes serias, por la que hubiera dado mi reino cuando era una periodista tenaz, empeñada en encontrar lo que sólo estaba en documentos privados, inalcanzables, resguardados en escritorios a los que verdaderamente nadie podía tener acceso.
Qué diferente ahora, pero qué gran oportunidad para los periodistas de hoy!
Ahora, el periodismo debe ser creativo, y con esto me refiero a la capacidad de ser original, de descubrir perspectivas nuevas en el mundo del "Todo está dicho" y "Todos lo sabemos todo".
El criterio y la capacidad de discernimiento son las nuevas habilidades para el periodista de hoy. Es decir, en la era de la sobreinformación, la diferencia es la interpretación, la capacidad para encontrar y armar el rompecabezas que nos lleve a verdades sorprendentes.
El periodista no es más aquel que encuentra información, como lo era antes, sino el que sabe embonar las piezas para formar una realidad que nos "saca la lengua", a manera de burla, porque se sabe perdida en el mar informativo que nos invade todos los días.
De manera que no hay de qué preocuparse. Habrá necesidad, siempre, de mentes capaces de llegar a la verdad mediante la investigación y es en eso, quizás, es en lo que deberá transformarse la profesión o el oficio periodístico. Bienvenidos al mundo donde el buen periodismo ya no radica en lo inmediato o e ser el primero, ya que es probable que cualquier ciudadano, armado con un teléfono y una conexión a internet, nos gane la noticia.
La tentación de la repetición y el parafraseo es constante, pero el valor agregado será, quizás, el salirse de ese camino, rebelarse contra la repetición, contra la información anónima, que se vuelve del dominio público, contra las falsas realidades que se crean con falsas cuentas de Twitter o Facebook.
Probablemente volver a lo "local", al periodismo cultural y a aquel que se enfoca en el análisis útil y práctico, sea en parte la clave para generar nuevos contenidos, que puedan hacer a los lectores voltear a ellos, entre tantas distracciones.
Quizás hoy, en la era del "Todo está dicho", lo valioso será combatir esas realidades mentirosas. ¿Están los periodistas de hoy preparados para tal desafío?
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