Hierba. La nueva ciencia de la Mariguana


Hace un tiempo compré esta interesante edición de National Geographic. En estos tiempos de libertades, creo que conceptos como auto-conciencia y auto-responsabilidad serán cada vez más importantes y lo serán también políticas públicas orientadas a restringir el uso de drogas en menores, tal como ocurre con el alcohol y también el control en situaciones riesgosas, quizás deberá haber un cannabisímetro. Más allá de las visiones mesiánicas, sin embargo, es necesario y siempre saludable, un grado de objetividad y visión científica.
En el artículo de esta edición de National Geographic, que vale mucho la pena leer, se consigna la opinión del químico israelí Raphael Mechoulam, quien por décadas se ha dedicado a desentrañar los componentes de la mariguana o marihuana (la Real Academia acepta ambos) o la marijuana, como suelen llamarla los estadunidenses.
Uno de los motivos por los cuales hasta hace unos años se conocía tan poco sobre os componentes químicos de la mariguana se deriva de la clasificación que el gobierno estadounidense dio a esta droga en los años 70 (generaciones enteras vivieron en este riguroso ámbito de prohibición y desconocimiento), incluyéndola en el “schedule I”, el nivel de más alta peligrosidad y que, según la DEA, tienen un alto potencial de abuso y de dependencia física y psicológica, grupo donde también se ubica la heroína, el LSD y el peyote.
El artículo ofrece un dato a considerar: nunca se ha registrado oficialmente, hasta la fecha, alguna muerte relacionada directamente con una sobredosis de mariguana.
En cambio, señala el artículo, se han reportado, desde el ámbito de la experiencia, beneficios tales como: tónico contra el dolor, auxiliar para el insomnio, estimulante del apetito, alivio para golpes, ayuda a reducir el estrés, se ha dicho incluso que algunos de sus componentes ayudan a regular funciones vitales como la protección del cerebro contra traumatismos y como impulsor del sistema inmunológico.
Regresando a las investigaciones de Mechaloum, el químico adscrito al Weizmann Institute of Scienci que ha pasado muchos de sus 84 años investigando los componentes y efectos del cannabis -por ello llamado “El patriarca de la mariguana”-, estas indican que hay dos componentes muy importantes, el Tetrahydrocannabinol (THC) que, asilado y aplicado en monos rhesus, tuvo un efecto “sedante” y el Cannabidiol (CBD), que es el componente que tiene potencial médico, sin efectos psicológicos en los seres humanos.
Mechoulam es un respetado miembro de la Academia Israelí de Ciencias y Humanidades y profesor emérito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hadassahm con más de 400 artículos científicos escritos sobre el tema y 25 patentes relacionadas con su uso.
Para acabar pronto, asegura que la mariguana es un “tesoro para la cura médica, esperando a ser descubierto”.
En Israel, este científico ha sido un gran influyente en el programa médico que ese país tiene desde hace años, basado en el uso terapéutico del cannabis. El artículo señala que más de 20 mil pacientes en ese país cuentan con una licencia para el uso de mariguana en el tratamiento de una diversidad de problemas de salud relacionados con el glaucoma, la inflamación, la pérdida de apetito, el síndrome de Tourette y asma.
Además de la serie de aportaciones que el artículo tiene para una sociedad ávida de información relacionada con el tema, no a las frecuentes ocurrencias que vemos en las redes, dos opiniones del “Patriarca” llaman la atención:
Insiste en que la mariguana “no es una sustancia inocua” como muchos creen, y particularmente no lo es en el caso de los jóvenes, citando sus propios estudios que reflejan que el uso prolongado de THC de algunas cepas de la planta pueden afectar el desarrollo del cerebro. Incluso asegura que, en casos particulares, su uso puede disparar enfermedades tan graves como la esquizofrenia, en pacientes que tendrían la disposición genética.

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