Diez razones para entender el fracaso del PAN en la primera elección del calderonismo

Por María Fernanda Matus (*)mafermx@gmail.com

La olla de presión que se destapó el pasado domingo 21 de mayo con el rotundo triunfo del PRI en el estado llevaba ya mucho tiempo en un fuego avivado por diversas razones, si bien los yucatecos asistimos a una campaña electoral que parecía inagotable en recursos y omnipresente en medios.
Valdría la pena considerar, al menos, diez elementos relevantes que permitieron al PRI caer en blandito, en un terreno fértil del que sacaron el máximo provecho.
Sorpresivo no sólo por el margen de ventaja en la elección de gobernador (61,159 votos o siete por ciento más que el PAN hasta el último corte) sino también por la avasalladora ventaja legislativa y una clara superioridad estatal nunca previstas por encuesta alguna, el éxito del PRI en el proceso electoral de Yucatán puede encontrar explicación en los siguientes factores:
1.- El impecable manejo del marketing electoral priísta. Una campaña centrada en la imagen de su candidata, pero apuntalada por contenidos sentimentalistas que ofrecían buenas expectativas, un “mundo posible” basado en los deseos del votante.
Los estrategas del tricolor no sólo “endulzaron” el oído de los ciudadanos sino que, conocedores del gusto local, minimizaron el uso de las campañas negativas. Ligado a la variable de los recursos, la campaña fue especialmente profusa. No sería descabellado afirmar que la imagen de Ivonne Ortega y su corazón se convirtieron en iconos cotidianos.
Los del PRI, inagotables recursos de por medio, saturaron los sentidos del votante recurriendo a prácticamente todos los medios posibles, desde los mensajes telefónicos personalizados hasta la compra de espacios en tarjetas telefónicas y la presencia de la candidata en los TV-shows de mayor rating como “Otro rollo” y “Hoy”.
Ortega, que se reveló como un éxito mediático, estuvo presente a través de spots y publicidad casi en todos los medios que circulan en Yucatán, sin despreciar un solo espacio televisivo, radiofónico o impreso.Por su parte, la candidata fue fiel a sus guiones y a los principios básicos del “media training”, evitando caer en la tentación de la improvisación aún en los dos debates locales.
El mérito de la campaña orteguista estuvo también muy relacionado con su capacidad de reacción. Las propuestas del “tren bala” y las frases de la “nueva generación” priístas –por ejemplo– o bien fueron desechadas, borradas de plano del discurso o bien fueron reemplazadas de inmediato con otras mejores como la “nueva mayoría ciudadana”.
No hubo tregua para algo que no sonara bien a los oídos del votante; nada que pudiera ser puesto en duda o ridiculizado por el adversario tuvo asomo. Del mismo modo se omitieron hasta lo posible u oportuno ciertos aspectos personales de la candidata como su parentesco con Víctor Cervera Pacheco, su nivel académico o su estatus civil y la ausencia de hijos.
2.- El errático manejo del marketing blanquiazul puede ser explicado por dos motivos: o el PAN sobreestimó su fuerza y a la vez subestimó al electorado creyendo que no necesitaba un mayor impulso mediático para conseguir su voto, o sus estrategas mediáticos no tuvieron el tiempo o los elementos suficientes para conocer las expectativas del electorado, las creencias y valores que los mueven.
Llama la atención el hecho de que en una entrevista de radio con Joaquín López-Dóriga, días antes de la elección, fuera el propio Xavier Abreu quien confirmara lo que muchos veían desde fuera, sin la autocomplacencia partidista: que la campaña había estado errada.
Pero lo que más sorprende es que esa conciencia del error nunca se tornara en una verdadera reorientación de la campaña. Los spots negativos contra la priísta y colaboradores fueron un fracaso, al igual que la fallida exhibición de su incongruencia respecto al tema del aborto, revertida en menos de 24 horas por el PRI. En resumen, mientras el PRI corría rebasando claramente a su principal oponente al final de la carrera, el PAN caminaba pesadamente, sin mostrar, sorprendentemente, alguna muestra de coraje.
3.- La efímera lealtad de los votantes. Esta elección confirmó en Yucatán un fenómeno común en procesos contemporáneos: la democracia implica volatilidad en la voluntad del elector. Influenciado por una serie de coyunturas que le hacen decidir de manera distinta al votar por su candidato a gobernador, diputado y alcalde, el votante yucateco dividió su voto, pulverizando así un sufragio que el PAN probablemente esperaba “parejo”.Yucatán agregó un ingrediente más al panorama: es posible que el elector haya ocultado o mentido a los encuestadores sobre el verdadero sentido de su voto incluso aún después de haberlo emitido, cosa que demostraron las exit poll o encuestas de salida y que fue confirmado públicamente Roy Campos de Mitofski.
4.- El enfrentamiento ya conocido entre las facciones del presidente Felipe Calderón y el presidente nacional de su partido, Manuel Espino, quienes tuvieron en Yucatán un recurso de medición de fuerzas. Hay interpretaciones en el sentido de que, dados los hechos, Espino encontró en Yucatán un pretexto para asestar un golpe a Calderón con la afirmación de que hubo “operadores” enviados de Los Pinos a tierras yucatecas. Lo cierto es que mucho se ha dicho sobre el hecho de que el ideólogo de la campaña de Abreu sea el mismo que orquestó la campaña calderonista. Ya derrotado, sin embargo, Calderón habría preferido evitar un posible pleito postelectoral conminando a “su” candidato Xavier Abreu a reconocer de inmediato la derrota, lo que explica el rostro descompuesto de Abreu al anunciarlo.
5.- A nivel local, el permanente enfrentamiento entre Patricio Patrón y Ana Rosa Payán desde hace varios años, hizo crisis con la renuncia de la segunda, factor que –más allá de la razón de fondo– fragmentó el voto del PAN ya fuera hacia la propia Ana Rosa en la coalición Todos Somos Yucatán o hacia el PRI. La figura de Abreu como candidato quedó marcada con esta ruptura. Para poder recomponer su imagen, Abreu parecía estar atado de manos, sin posibilidades para desligarse del gobernador Patrón Laviada, aparente orquestador de la argucia contra Payán, y sin tener argumentos que justificaran el resultado de la elección interna.
6.- El comportamiento de las distintas facciones y grupos priístas, fueran o no afines a los intereses que impulsaron a Ivonne Ortega como candidata, fue de concurso. Sea que el pacto de unidad haya sido acordado desde la presidencia nacional de Beatriz Paredes o sea por otros mecanismos, los diferentes intereses tricolores locales y nacionales apostaron antes bien por la rentabilidad política.
7.- El apoyo logístico y financiero del que en su momento el PAN llamó el “cártel priísta” no sólo sí habría existido, sino que aparentemente pudo operar en Yucatán sin mayores cuestionamientos. Es muy probable, por tanto, que con el cheque en blanco que recibió de los estados de México, Quintana Roo y Nuevo León, en Yucatán el PRI haya rebasado de forma desmesurada los límites de cualquier campaña electoral reciente.
8.- No puede ser despreciado el efecto que tuvo la presión mediática permanente de los diputados federales –comandados por Emilio Gamboa Patrón– sobre el presidente Calderón. Más allá de la hipótesis de la "concertacesión" entre los priístas y el Presidente, los legisladores de PRI nunca cejaron en su actitud demandante de elecciones libres de la influencia federal y estatal, convirtiéndose en una molesta una piedra en el zapato de Calderón.
9.- Si las supuestas presiones o “chantajes” de los panistas hacia el electorado a través de programas federales o compra de votos fueran ciertas, los yucatecos habrían dado una lección de madurez al desligar su decisión de los “favores” recibidos del gobierno, de los candidatos o del partido gobernante.
10.- En este mismo tenor estaría el comportamiento de los maestros yucatecos que hicieron caso omiso al pacto elbista con Nueva Alianza (Panal) y el PAN, dando su apoyo a la candidata del PRI en detrimento del candidato panista. (M.F.M. Mérida, Yuc; mayo de 2007) *Consultora en comunicación política y empresarial.

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