Funky Business (Parte II)
Consultoría empresarial
Por María Fernanda Matus
Vivir preparado para lo que sea puede sonar a lugar común. Para Kjell A. Nordström y Jonas Ridderstrale, los gurús suecos autores de “Funky Business” (Book House Publishing AB 1999), a quienes tuve oportunidad de escuchar hace seis años cuando lanzaron al mercado este hoy famosísimo libro, el precepto del cambio sorpresivo, inesperado, es la constante, una especie de religión que está haciendo cambiar la forma de vida de los individuos, la forma de evolucionar de la sociedad y las instituciones y la forma en que se están haciendo –o deben hacerse- los negocios.
La idea principal de este libro descansa sobre la hipótesis de que estamos asistiendo a una sociedad donde los individuos (o los consumidores) se mueven por emociones contradictorias, valores relativos y donde las empresas no podrán sobrevivir demasiado si sólo están pensando en tener mayores márgenes de ganancia minimizando el hecho de que sus clientes ya no son más los sujetos que podían ser agrupados en estadísticas de consumo determinadas y que el talento de sus colaboradores ha pasado al primer plano de sus activos.
Ávidos de emoción en un mundo que la desincentiva, con mentes re-formadas por la tecnología, las imágenes, el acortamiento de los espacios y la transformación de las instituciones religiosas, políticas y sociales, estos nuevos seres que somos estamos renunciando a nuestros valores más tradicionales y creando, cada sociedad a su tiempo y a su velocidad, códigos completamente novedosos.
Ante esto, cualquier empresa vertical, rigurosa, lenta, conservadora, enfocada en las ganancias, aislada, inflexible, pesada y que esté pensando en producir cosas antes que ideas puede darse desde ahora por muerta.
Nordström y Ridderstrale, un par de cabezas rapadas que diseminan estas ideas por todo el mundo y que son también empresarios y catedráticos de la Escuela de Economía de Estocolmo, en Suecia, identifican una serie de fuerzas funk, (irreverente, anti-sofisticado) que caracterizan al mundo de hoy.
En su visión, estas son las fuerzas funky que mueven a la sociedad y al mercado y por ellas el mundo de los negocios se está trastocando de forma espectacular: 1.-la tecnología, 2.-La “caída” de añejas instituciones desde el estado-nación, la empresa, el sistema capitalista y hasta la familia tradicional, 3.-Sistemas de valores cada vez más disímiles y que se caracterizan por un gran “vacío espiritual”, 4.-Finalmente, la libertad se conforma como un mandamiento, parece que queremos liberarnos de todo y de todos.
Es posible sentirse desconcertado por la forma tan cruda, directa y práctica en que los suecos retratan a la sociedad contemporánea, pero al final de cuentas su visión resulta ampliamente útil.
Y si bien es cierto que los escandinavos conforman una sociedad avanzada y su cosmogonía puede resultar completamente opuesta a la nuestra, la realidad es que hay ejes comunes sobre los que nuestras sociedades están transitando: la globalización económica, el impacto de las tecnologías, la sobre-información visual y la transformación de antiguos valores son sólo algunas.
Por lo tanto, las organizaciones “funky”, según señalan los autores, deben ser tan creativas que construyan espejos donde la sociedad pueda ver lo que no había visto antes, lo invisible o lo que nunca nos hubiéramos imaginado.
Las organizaciones vienen y van. Caen y emergen. Cambian de tamaño constantemente, dejan los países donde se iniciaron, se reorganizan, se re-alinean, se re-enfocan. Nada permanece igual. Son aquellas que se crean sobre ninguna y todas las bases, sobre circunstancias cambiantes y sobre la impredictabilidad que caracteriza nuestro tiempo.
Los autores nos señalan las cuatro características de la empresa Funky: 1.-Enfocada, 2.-Innovadora, 3.-Heterárquica y 4.-Con un empuje poderoso.
Las empresa Funky bien enfocada no aspira ofrecer todo a todos, pero tiene la capacidad de operar procesos completos aglutinando líneas de negocio sin tener que operarlas todas y haciéndolo desde una corporación “hueca”, es decir, sin lugares o activos físicos pero con personal altamente competente. Este enfoque debe ser lo suficientemente amplio para crear y explorar negocios enfocados a sectores de consumo hiper-especializados.
En cuanto al empuje, los autores aseguran que para poder tener un poderoso impulso interno se debe aspirar a crear una organización que enseña y crea conocimiento sólido para triunfar a través de conocer muy bien sus errores. “A mayor conocimiento sólido, mayor creación de dinero”.
El poder debe lograrse también en el ámbito industrial bajo la forma en que muchas empresas como Disney, Coca-Cola y Marlboro lo hacen: basados en una marca antes que en plantas industriales. En cuanto al impulso internacional, las compañías Funky deberían hacer como Microsoft o Intel, empresas verdaderamente globales con bases en diferentes países. O como Philips, Electrolux, Nokia, Heineken, Unilever, Tetrapak y Nestlé, compañías que además han sabido adaptarse a las características de cada mercado.
Otra característica importante de la empresa Funky es el ser extremadamente innovadora, ya que actualmente cualquier novedad nace, muere y es copiada demasiado rápido. Esto transforma a la compañía en una fábrica de sueños e ideas. Y si esto pareciera demasiado, sólo hay que ver el caso de la marca Rubbermaid (seleccionada por la Revista Fortune como la empresa más admirada de América) que ha hecho del simple negocio de hacer recipientes de plástico toda una empresa de innovaciones.
Finalmente, la empresa funky es heterárquica, es decir, tiene muchas jerarquías de diferentes tipos. El típico jefe está obsesionado por saberlo y controlarlo todo, pero en un plano innovador lo que realmente necesitamos son muchos buenos cerebros y líderes pero sin que ninguno tenga que dominarlo todo.
Por el contrario, las empresas funky ponen a cada individuo en una dimensión visible a través de proyectos.
Por María Fernanda Matus
Vivir preparado para lo que sea puede sonar a lugar común. Para Kjell A. Nordström y Jonas Ridderstrale, los gurús suecos autores de “Funky Business” (Book House Publishing AB 1999), a quienes tuve oportunidad de escuchar hace seis años cuando lanzaron al mercado este hoy famosísimo libro, el precepto del cambio sorpresivo, inesperado, es la constante, una especie de religión que está haciendo cambiar la forma de vida de los individuos, la forma de evolucionar de la sociedad y las instituciones y la forma en que se están haciendo –o deben hacerse- los negocios.
La idea principal de este libro descansa sobre la hipótesis de que estamos asistiendo a una sociedad donde los individuos (o los consumidores) se mueven por emociones contradictorias, valores relativos y donde las empresas no podrán sobrevivir demasiado si sólo están pensando en tener mayores márgenes de ganancia minimizando el hecho de que sus clientes ya no son más los sujetos que podían ser agrupados en estadísticas de consumo determinadas y que el talento de sus colaboradores ha pasado al primer plano de sus activos.
Ávidos de emoción en un mundo que la desincentiva, con mentes re-formadas por la tecnología, las imágenes, el acortamiento de los espacios y la transformación de las instituciones religiosas, políticas y sociales, estos nuevos seres que somos estamos renunciando a nuestros valores más tradicionales y creando, cada sociedad a su tiempo y a su velocidad, códigos completamente novedosos.
Ante esto, cualquier empresa vertical, rigurosa, lenta, conservadora, enfocada en las ganancias, aislada, inflexible, pesada y que esté pensando en producir cosas antes que ideas puede darse desde ahora por muerta.
Nordström y Ridderstrale, un par de cabezas rapadas que diseminan estas ideas por todo el mundo y que son también empresarios y catedráticos de la Escuela de Economía de Estocolmo, en Suecia, identifican una serie de fuerzas funk, (irreverente, anti-sofisticado) que caracterizan al mundo de hoy.
En su visión, estas son las fuerzas funky que mueven a la sociedad y al mercado y por ellas el mundo de los negocios se está trastocando de forma espectacular: 1.-la tecnología, 2.-La “caída” de añejas instituciones desde el estado-nación, la empresa, el sistema capitalista y hasta la familia tradicional, 3.-Sistemas de valores cada vez más disímiles y que se caracterizan por un gran “vacío espiritual”, 4.-Finalmente, la libertad se conforma como un mandamiento, parece que queremos liberarnos de todo y de todos.
Es posible sentirse desconcertado por la forma tan cruda, directa y práctica en que los suecos retratan a la sociedad contemporánea, pero al final de cuentas su visión resulta ampliamente útil.
Y si bien es cierto que los escandinavos conforman una sociedad avanzada y su cosmogonía puede resultar completamente opuesta a la nuestra, la realidad es que hay ejes comunes sobre los que nuestras sociedades están transitando: la globalización económica, el impacto de las tecnologías, la sobre-información visual y la transformación de antiguos valores son sólo algunas.
Por lo tanto, las organizaciones “funky”, según señalan los autores, deben ser tan creativas que construyan espejos donde la sociedad pueda ver lo que no había visto antes, lo invisible o lo que nunca nos hubiéramos imaginado.
Las organizaciones vienen y van. Caen y emergen. Cambian de tamaño constantemente, dejan los países donde se iniciaron, se reorganizan, se re-alinean, se re-enfocan. Nada permanece igual. Son aquellas que se crean sobre ninguna y todas las bases, sobre circunstancias cambiantes y sobre la impredictabilidad que caracteriza nuestro tiempo.
Los autores nos señalan las cuatro características de la empresa Funky: 1.-Enfocada, 2.-Innovadora, 3.-Heterárquica y 4.-Con un empuje poderoso.
Las empresa Funky bien enfocada no aspira ofrecer todo a todos, pero tiene la capacidad de operar procesos completos aglutinando líneas de negocio sin tener que operarlas todas y haciéndolo desde una corporación “hueca”, es decir, sin lugares o activos físicos pero con personal altamente competente. Este enfoque debe ser lo suficientemente amplio para crear y explorar negocios enfocados a sectores de consumo hiper-especializados.
En cuanto al empuje, los autores aseguran que para poder tener un poderoso impulso interno se debe aspirar a crear una organización que enseña y crea conocimiento sólido para triunfar a través de conocer muy bien sus errores. “A mayor conocimiento sólido, mayor creación de dinero”.
El poder debe lograrse también en el ámbito industrial bajo la forma en que muchas empresas como Disney, Coca-Cola y Marlboro lo hacen: basados en una marca antes que en plantas industriales. En cuanto al impulso internacional, las compañías Funky deberían hacer como Microsoft o Intel, empresas verdaderamente globales con bases en diferentes países. O como Philips, Electrolux, Nokia, Heineken, Unilever, Tetrapak y Nestlé, compañías que además han sabido adaptarse a las características de cada mercado.
Otra característica importante de la empresa Funky es el ser extremadamente innovadora, ya que actualmente cualquier novedad nace, muere y es copiada demasiado rápido. Esto transforma a la compañía en una fábrica de sueños e ideas. Y si esto pareciera demasiado, sólo hay que ver el caso de la marca Rubbermaid (seleccionada por la Revista Fortune como la empresa más admirada de América) que ha hecho del simple negocio de hacer recipientes de plástico toda una empresa de innovaciones.
Finalmente, la empresa funky es heterárquica, es decir, tiene muchas jerarquías de diferentes tipos. El típico jefe está obsesionado por saberlo y controlarlo todo, pero en un plano innovador lo que realmente necesitamos son muchos buenos cerebros y líderes pero sin que ninguno tenga que dominarlo todo.
Por el contrario, las empresas funky ponen a cada individuo en una dimensión visible a través de proyectos.
Comentarios