El Poder de leer


No concebiría una existencia sin la lectura, la oportunidad de vivir todas esas otras vidas que sólo se viven a través de ella.

La lectura debería estar al alcance de todos como el agua corriente, un derecho que sea ejercido, que logre conectarnos para entender y apreciar prosas y versos que nos dan los elementos que nos hacen comprender y profundizar sobre nuestras vidas, nuestra historia, nuestros sentimientos, obras que perduran a través de los siglos y se quedan ahí inmunes al tiempo y al olvido.

La UNESCO estableció esta fecha, coincidente con los fallecimientos de William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, como el Día Mundial del Libro y el de autor, para hacer hincapié en la necesidad de continuar la alfabetización en el mundo y poner de relieve el poder transformador de la lectura. También coincide, dice la UNESCO, con la muerte de autores como Maurice Druon, Haldor K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Platón y Manuel Mejía Vallejo. Y en una de esas hasta coincidía con la muerte del gran Gabriel García Márquez, por quien se guarda en estos días luto mundial.

Una cuestión vital se cierne cada año sobre nuestras cabezas, sobre nuestros gobiernos, sobre nuestras sociedades cuando llega este día: cómo generar lectores. Y así surgen entonces, en muchos lugares estrategias lógicas: regalar libros o recomendar lecturas mediante figuras públicas conocidas, curiosamente, a través de la televisión o los medios digitales.

Entre muchas fechas que tenemos para recordar y celebrar acciones y hechos, ésta establecida por la ONU apenas en 1995, es la que más me entusiasma. Celebrar a la lectura, a los libros, al idioma escrito, a los autores, a la prosa y al verso debe constituir una verdadera fiesta.

No puedo dejar de reflexionar, sin embargo, sobre algo que parece obvio, el hecho de que leer no es una acción automática consecuencia de un hecho concreto, como puede ser la compra de un bien a través de una campaña publicitaria, por eso no creo que lleguemos a tener lectores de 20 minutos al día, ni surgidos de programas que regalen o circulen libros gratuitamente.

Leer es ante todo un disfrute, pero también es un hábito que, aunque sea inconsciente, tiene que iniciar, de un modo u otro, en un momento clave de la vida para que se repita luego, una y muchas veces, nos induzca a buscar más hasta que, quizás sin darnos cuenta, se arraigue firme y se convierta en una necesidad para alimentar cotidianamente nuestra mente, nuestro espíritu y al final, quizás también sin darnos cuenta, se convierta en algo más trascendente para la vida: un instrumento que ayude a redimirnos y a convertirnos en seres realmente libres.

Creo también, y lo he vivido en este romance de vida con la lectura, que tiene que haber “otro” que induzca a alguien a adentrarse en la lectura, que lo acompañe, que le haga descubrir los nuevos mundos que cada autor tiene para ofrecer, una especie de lazarillo de la lectura, que le abra la vista a otros que no la tienen.

Seamos ese “otro” para alguien más, para nuestros hijos, para un amigo, para la sociedad. Sólo entonces, compartiendo el conocimiento sin otra intención, estaremos construyendo, los lectores actuales, una sociedad diferente, que no sólo lea, sino que logre ver el poder que en realidad le confieren las letras: el contar con la única arma que podrá defenderlo de todo: el conocimiento

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