Voto mexicano en el extranjero…mucho ruido y pocas nueces

Por Yadira Mena


Nadie imaginó que sería fácil, pero precisamente por ello llama la atención la “estrategia” del IFE para llevar a efecto la decisión del congreso que permite a los mexicanos residentes en el extranjero ejercer su derecho de sufragio electoral.
La cifra que se maneja es de 4.2 millones de votantes, una población mucho mayor a los tres y medio millones de habitantes que registró el INEGI en los tres estados que conforman la península de Yucatán en 2000.
Sin embargo, un artículo publicado en el suplemento Masiosare de La Jornada, indica que según el censo estadunidense de 2000, de los poco más de 35 millones de latinos en ese país (13% de la población total), casi 59% (21 millones) son personas de “origen mexicano”.
Hablando sólo de los mexicanos, ya sea los nacidos aquí pero que habitan en Estados Unidos (unos 8.5 millones) más los casi 5 millones de trabajadores indocumentados, la población de mexicanos emigrantes a ese país se puede calcular en 13.5 millones de personas.
Sólo para comparar, si pusiéramos a todos estos mexicanos residentes en Estados Unidos en un solo estado hipotético, éste sería la entidad federativa más grande en México, seguido del estado de México con 13 millones de habitantes y el Distrito Federal con 8.6 millones de habitantes, dice el suplemento Masiosare.
El hecho es que estas dimensiones obligan a cualquier autoridad a hacer un trabajo de difusión y de organización impresionante, para lo cual difícilmente puedan contar con el tiempo, el dinero y quizás la sensibilidad suficientes para lograr su objetivo.
De momento, el IFE tan sólo cuenta con unos 3,500 registros recibidos y de entrada el organismo achaca el poco interés a que “hay una causa de dificultad por el nivel socio-educativo de los potenciales votantes, muchos de ellos con escolaridad baja”.
Muy mala explicación si se considera que los mexicanos emigrantes a Estados Unidos han demostrado que tienen una enorme capacidad de adaptación y de absorción de costumbres y formas de vida que les son ajenas.
Básicamente, el trámite del IFE pide a los mexicanos en el extranjero contar con su credencial con fotografía e inscribirse en la Lista Nominal de Electores en el Extranjero para tramitar el envío de su sufragio por medio de correo certificado. Quizás la máxima dificultad radica en que los mexicanos en el extranjero tienen que adjuntar una copia fotostática de su credencial de elector.
El problema es que muchos mexicanos que están en el exterior han dejado su credencial de votación en sus casas en México, además de que otro tanto reside en otro país en calidad de indocumentado.
Quizás valdría la pena que el IFE pudiera coadyuvar en la solución de este primer problema para pensar después en desplegar todo el gasto que hasta la fecha se ha hecho y que se seguirá haciendo para lograr que estos mexicanos puedan realmente ejercer su derecho al voto.

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