La prensa nuestra de cada día

Por María Fernanda Matus

"A través de los medios de comunicación la posición adversaria no sólo puede ser vencida sino también, al negarle el acceso, puede llegar a dejar de existir por completo. Así pues, los medios de comunicación constituyen una de las armas más importantes en el arsenal de cualquier país. Esta es la máxima lección de nuestros tiempos”.
Akbar S. Ahmed


Hablar del poder de los medios de comunicación hoy en día es casi una obviedad. Su poder, aplastante y despiadado algunas veces, disimulado y disfrazado otras, es innegable, casi un axioma. Sobre este tema difícilmente encontremos alguna discrepancia.

Sin embargo, la forma en que éste poder se ha transformado es harina de otro costal. Cómo, para qué y bajo qué condiciones los medios obtienen y aplican la fuerza de este poder es otra historia no menos debatida y es un fenómeno que toma características similares a nivel mundial.

Ignacio Ramonet es contundente: “el clima social de descrédito de las instituciones democráticas afecta hoy con especial intensidad a la prensa porque para muchos ciudadanos las clases política y mediática ya no están aisladas, sino que se funden en un híbrido mediático-político que hace que no exista la posibilidad de recurrir al cuarto poder al estar éste implicado en los mismos asuntos”.

Para Ramonet, la «primavera de Pekín», la insurrección de los estudiantes en Tiananmen, la caída del muro de Berlín y la revolución rumana de diciembre de 1989, son casos en los que el sistema mediático tomó una senda que les haría imposible, a partir de entonces, asumir su papel de aliados cívicos de los ciudadanos.

En ellos, la prensa “occidental” libre, se erigió como un auténtico “Big eye” insalvable, constante, testigo acusador al que no se le escaparía nada, protagonista activo. En el caso de la televisión los periodistas incluso salían sobrando ante la contundencia de las imágenes.

Ante tal panorama, es difícil que los medios de comunicación se asuman hoy en día bajo el viejo concepto de los buscadores de la verdad o el disfraz de la objetividad. No hay sustento en esos argumentos.

Bajo esa óptica, sin embargo, no sólo no es imposible sino viable, la producción de un periodismo inscrito en un marco de ética aceptable, profesional, analítico y auto-crítico.

Cotninuará….

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