Política, mentiras y vídeo

La triste realidad en la época de la vídeo política

Por María Fernanda Matus

"Con ese poder fáctico que constituyen, los medios masivos no sólo han evitado que se apruebe una ley que regule su funcionamiento, sino que frente a la actual polarización política amagan, presionan, amenazan y aprovechan un bien público que les ha sido concesionado, para abrir paso a sus intereses" (Revista etcétera, edición mayo de 2005)


Hace casi 10 años, con esa lucidez que lo caracteriza, el pensador italiano Giovanni Sartori puso sobre la mesa un tema que parecería ocurrente o que hubiera podido rayar en la ciencia ficción si no fuera por la claridad con la que expuso su razonamiento: la evolución del homo sapiens en homo videns.

El escritor hablaba de una generación de “vídeo-niños”, seres al que sólo les basta con el sentido de la vista para acceder al mundo. “La imagen”, decía, “no se ve en chino, árabe o inglés (…) se ve y es suficiente”. De esta forma, la televisión es un médium que está generando un nuevo ánthropos, un hombre con una cada vez más limitada capacidad de entender.

Hoy en día, México ha sido alcanzado por la “nueva plaga de la videopolítica”, como la llama Humberto Muraro, y presenta el síntoma característico de la misma: una creciente dependencia de las instituciones políticas –desde partidos y entidades gubernamentales hasta asociaciones gremiales- respecto de los medios de comunicación.

El término, probablemente acuñado por Sartori y donde vídeo se refiere específicamente a la pantalla del televisor, significa una nueva forma de comunicación adoptada por los actores políticos, dice Muraro, para vincularse con el público a través de los medios, un proceso dentro del cual, a veces, los periodistas no juegan papel alguno.

En ambos casos, tanto el de la vídeo política misma como de su espectador el homo-vídens, cualquier visión analítica y juiciosa de la realidad ha sido desplazada. Se sub-informa y desinforma, se da relevancia a sondeos dirigidos y a escándalos triviales que se convierten en noticias de primer orden, se apela a la “farandulización” o “espectacularización” de la política, etc. etc.

Y de paso, los costos aumentan. La demanda de la vídeo-exposición, ha encarecido exageradamente las campañas electorales además de que obliga a los candidatos a gastar mucho más tiempo en pedir donativos e incluso a aceptar recursos de procedencia ilícita, a los organismos electorales a buscar formas para establecer “candados” y a la sociedad a entrar en un juego superficial donde no hay mensajes de fondo. Pero sobre todo hace tremendamente inequitativa la contienda electoral dejando en desventaja a los que no tienen el capital necesario para aparecer suficientemente en la pantalla.

Lo más importante, sin embargo, es que ayuda a crecer a la televisión y a sus respectivos juegos de intereses, tanto por el lado económico, como de contenido. La vídeo-política legitima el juego absurdo de la televisión, de sus contenidos y de sus respectivos grupos de interés, además de engordar las alegres cifras de sus cajas registradoras.

En México, los medios de comunicación sobre todo los electrónicos, han encontrado en este nicho un modus vivendi, un campo fértil para hacer prevalecer sus intereses a rajatabla, disfrazados bajo la doble moral del “deber cumplido”.

Continuará…

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