Yucatán y su reforma electoral
"El financiamiento de la política constituye tal vez, la demanda central en las democracias modernas... saber cuánto reciben y quién financia a los partidos, por qué lo hacen y a qué intereses se deben, constituye un elemento de información clave para conformarla decisión pública y definir el voto”
Giovanni Sartori
Por María Fernanda Matus
El pasado viernes 18 inició la primera jornada de los llamados “Foros de consulta sobre la legislación en materia electoral del estado de Yucatán” en Valladolid. En Mérida será el 9 y 10 de diciembre.
Es deseable que, independientemente de los resultados que arrojen dichas consultas, el congreso del estado asuma, al más alto nivel, la responsabilidad de promover una reforma de espíritu democrática y equitativa que contribuya a aclarar la forma en que operan los partidos políticos, que ya no son meros representantes u organismos ajenos al Estado.
Será trascendental que se genere un marco para que los terrenos sobre los cuales se mueven los partidos políticos no se presten para filtrar dinero ilícito o para hacer negocios sucios y corruptelas que puedan comprar funcionarios públicos, o para que los candidatos que simplemente no puedan pagar el costo de la video-política queden fuera de la contienda.
Los partidos políticos están metidos de lleno en las decisiones y operaciones del Estado mismo y por lo tanto sus acciones deben ser clarificadas, cuando menos, con el mismo rigor con el que se le exige transparencia a las demás instituciones del Estado.
Tal como señala Jacqueline Peschard, “(…) si (los partidos) son poderosas organizaciones que residen en el corazón del Estado ¿no deberían estar sujetas a las mismas exigencias que cualquier otra de sus instituciones?
La realidad es que los partidos, más allá del espíritu de organización y representación colectiva de preferencias políticas que los crea, son grupos que luchan por el poder, cuentan con el “monopolio” de representatividad en la postulación de candidatos y deciden sobre asuntos trascendentales en la operación del Estado.
En realidad, dice la investigadora mexicana, los partidos están a caballo entre el espacio de las organizaciones de la sociedad y el de las instancias estatales y públicas, es decir, se mueven entre los espacios público y privado.
En su calidad de representantes de ideas y pensamiento de ciertos grupos de ciudadanos, los partidos políticos cabalgan en el terreno de la sociedad civil, es decir en el ámbito de lo privado donde el estado no puede tener injerencia.
Basta, sin embargo, enumerar sus actividades preponderantes para darse cuenta de que el poder de los partidos políticos no sólo trasciende esa esfera, sino que se inserta de forma fundamental en el terreno público.
Peschard menciona siete grande funciones tradicionales ya apuntadas por Diamond y Gunther en 2001. Los partidos políticos: 1) reclutan y postulan candidatos para cargos de elección; 2) movilizan al electorado en apoyo a sus candidatos y promueven la participación política; 3) estructuran las opciones entre grupos de candidatos en competencia; 4) representan diferentes grupos sociales, ya sea simbólica o directamente promoviendo ciertos intereses; 5) agregan intereses alrededor de posiciones políticas; 6) conforman y dan respaldo a gobiernos, 7) integran a los ciudadanos al Estado y, en particular, a su sistema político.
Por ello es trascendente que los ciudadanos tengan el derecho de saber cómo y baje qué circunstancias se mueve el partido por el cual adquieran una representación en la esfera del poder.
El discurso y la moral de los partidos políticos encuentran en el origen, manejo y aplicación correcta del dinero la más clara medida de qué tanto se manejan bajo una doble moral.
Giovanni Sartori
Por María Fernanda Matus
El pasado viernes 18 inició la primera jornada de los llamados “Foros de consulta sobre la legislación en materia electoral del estado de Yucatán” en Valladolid. En Mérida será el 9 y 10 de diciembre.
Es deseable que, independientemente de los resultados que arrojen dichas consultas, el congreso del estado asuma, al más alto nivel, la responsabilidad de promover una reforma de espíritu democrática y equitativa que contribuya a aclarar la forma en que operan los partidos políticos, que ya no son meros representantes u organismos ajenos al Estado.
Será trascendental que se genere un marco para que los terrenos sobre los cuales se mueven los partidos políticos no se presten para filtrar dinero ilícito o para hacer negocios sucios y corruptelas que puedan comprar funcionarios públicos, o para que los candidatos que simplemente no puedan pagar el costo de la video-política queden fuera de la contienda.
Los partidos políticos están metidos de lleno en las decisiones y operaciones del Estado mismo y por lo tanto sus acciones deben ser clarificadas, cuando menos, con el mismo rigor con el que se le exige transparencia a las demás instituciones del Estado.
Tal como señala Jacqueline Peschard, “(…) si (los partidos) son poderosas organizaciones que residen en el corazón del Estado ¿no deberían estar sujetas a las mismas exigencias que cualquier otra de sus instituciones?
La realidad es que los partidos, más allá del espíritu de organización y representación colectiva de preferencias políticas que los crea, son grupos que luchan por el poder, cuentan con el “monopolio” de representatividad en la postulación de candidatos y deciden sobre asuntos trascendentales en la operación del Estado.
En realidad, dice la investigadora mexicana, los partidos están a caballo entre el espacio de las organizaciones de la sociedad y el de las instancias estatales y públicas, es decir, se mueven entre los espacios público y privado.
En su calidad de representantes de ideas y pensamiento de ciertos grupos de ciudadanos, los partidos políticos cabalgan en el terreno de la sociedad civil, es decir en el ámbito de lo privado donde el estado no puede tener injerencia.
Basta, sin embargo, enumerar sus actividades preponderantes para darse cuenta de que el poder de los partidos políticos no sólo trasciende esa esfera, sino que se inserta de forma fundamental en el terreno público.
Peschard menciona siete grande funciones tradicionales ya apuntadas por Diamond y Gunther en 2001. Los partidos políticos: 1) reclutan y postulan candidatos para cargos de elección; 2) movilizan al electorado en apoyo a sus candidatos y promueven la participación política; 3) estructuran las opciones entre grupos de candidatos en competencia; 4) representan diferentes grupos sociales, ya sea simbólica o directamente promoviendo ciertos intereses; 5) agregan intereses alrededor de posiciones políticas; 6) conforman y dan respaldo a gobiernos, 7) integran a los ciudadanos al Estado y, en particular, a su sistema político.
Por ello es trascendente que los ciudadanos tengan el derecho de saber cómo y baje qué circunstancias se mueve el partido por el cual adquieran una representación en la esfera del poder.
El discurso y la moral de los partidos políticos encuentran en el origen, manejo y aplicación correcta del dinero la más clara medida de qué tanto se manejan bajo una doble moral.
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